“¡Cuántas veces no me habrá ocurrido soñar, por la noche, que estaba aquí mismo, vestido, junto al fuego, estando en realidad desnudo y en la cama! En este momento, estoy seguro de que yo miro este papel con los ojos de la vigilia, de que esta cabeza que muevo no está soñolienta, de que alargo esta mano y la siento de propósito y con plena conciencia: lo que acaece en sueños no me resulta tan claro y distinto como todo esto. Pero, pensándolo mejor, recuerdo haber sido engañado, mientras dormía, por ilusiones semejantes. Y fijándome en este pensamiento, veo de un modo tan manifiesto que no hay indicios concluyentes ni señales que basten a distinguir con claridad el sueño de la vigilia, que acabo atónito, y mi estupor es tal que casi puede persuadirme de que estoy durmiendo.”
Pregunta 1: Análisis de texto (Descartes)
El fragmento pertenece a la obra Meditaciones Metafísicas (1641) de René Descartes, filósofo fundamental del siglo XVII y padre del racionalismo moderno. En esta obra, el autor busca establecer unos cimientos sólidos para el conocimiento humano tras la crisis del pensamiento escolástico medieval. El texto se sitúa en el momento en que, tras haber aplicado la duda metódica de forma radical, Descartes intenta hallar una verdad que sea absolutamente indudable y que sirva como punto de partida para toda su metafísica.
La idea principal del texto es el descubrimiento del "cogito" como la primera verdad evidente, clara y distinta: la existencia del sujeto como algo que piensa ("Yo soy, yo existo") es necesariamente verdadera cada vez que se pronuncia o se concibe en el espíritu. El problema filosófico que se plantea es de carácter epistemológico y ontológico: ¿es posible encontrar una certeza absoluta que resista incluso la hipótesis del "genio maligno" y defina la naturaleza esencial de lo que somos?.
Descartes articula su argumentación a través de una serie de pasos lógicos que conectan con su tesis central:
• La persistencia del sujeto frente al engaño: El autor argumenta que, incluso suponiendo la existencia de un "engañador sumamente poderoso y astuto" (el genio maligno) que empleara toda su industria en confundirlo, la propia acción de ser engañado implica necesariamente que el sujeto existe. No puede haber engaño si no hay un "yo" que lo padezca.
• La distinción entre el cuerpo y el pensamiento: Al indagar qué es ese "yo" que existe, Descartes descarta inicialmente los atributos corporales y fisiológicos (nutrirse, andar, sentir), ya que estos dependen del cuerpo, cuya existencia aún es dudosa.
• La esencia del sujeto como res cogitans: El texto desglosa las funciones del alma para concluir que el pensamiento es el único atributo que le pertenece de forma inseparable. El autor se define a sí mismo con precisión terminológica como una "cosa que piensa" (res cogitans), entendiendo por tal un espíritu, un entendimiento o una razón.
- La naturaleza de la actividad mental: Finalmente, vincula la certeza de su existencia con la multiplicidad de actos psíquicos: dudar, entender, afirmar, negar, querer o imaginar son facetas del pensamiento que confirman la realidad del sujeto, independientemente de si los contenidos de esos pensamientos son falsos o sueños.
En conclusión, este fragmento representa el "giro subjetivista" de la modernidad. Descartes logra resolver el problema de la incertidumbre estableciendo que el pensamiento es el fundamento de la verdad. A partir de este criterio de evidencia (la claridad y distinción con la que percibe su propio existir), el autor podrá posteriormente intentar reconstruir el edificio del saber y demostrar la existencia de otras realidades, como Dios o el mundo físico.
Pregunta 2: Relación del texto con el pensamiento del autor.
La afirmación "Yo soy, yo existo" que aparece en el texto no es un hallazgo aislado, sino la culminación del método cartesiano. Descartes, influido por el rigor de las matemáticas, busca un conocimiento que goce de "indubitabilidad". El fragmento analizado representa el éxito de la duda metódica: tras haber puesto en tela de juicio los sentidos (que nos engañan), la distinción entre sueño y vigilia, e incluso las verdades lógicas (mediante la hipótesis del genio maligno), el autor encuentra un límite infranqueable. La duda, llevada al extremo, se anula a sí misma en el momento en que el sujeto reconoce que, para dudar, es necesario pensar, y para pensar, es necesario existir.
Desarrollo profundo de los aspectos centrales de su filosofía
Para comprender por qué Descartes llega a esta conclusión y qué implicaciones tiene, debemos profundizar en tres pilares de su pensamiento presentes de forma implícita en el texto:
1. La Teoría de la Sustancia y el Dualismo Antropológico:
En el texto, Descartes se define como una "cosa que piensa". Esto nos introduce en su ontología de las tres sustancias. El "yo" es la res cogitans (sustancia pensante), cuya esencia es el pensamiento y que es totalmente independiente de la res extensa (materia/cuerpo). Este dualismo es radical: el alma no necesita del cuerpo para existir. Al separarlas, Descartes protege la libertad del alma y la autonomía de la razón frente al determinismo físico que rige la naturaleza (mecanicismo).
2. El Criterio de Verdad: Claridad y Distinción:
El texto nos muestra una verdad que se impone por sí misma. A partir de aquí, Descartes extrae su criterio de certeza: solo aceptará como verdadero aquello que se presente a la mente con "claridad" (presencia de la idea al espíritu) y "distinción" (que no esté mezclada con otras). El cogito es el modelo de idea clara y distinta, y servirá de regla para validar cualquier conocimiento posterior.
3. La Teoría de las Ideas y la necesidad de Dios:
Aunque el texto se centra en el sujeto, este "yo" descubre en su interior diversos contenidos mentales o ideas. Descartes las clasifica en adventicias (del exterior), ficticias (inventadas) e innatas (puestas por Dios, como la idea de perfección o infinito). Aquí reside la justificación del texto: el sujeto pensante está solo (solipsismo) hasta que, analizando sus ideas innatas, demuestra la existencia de una sustancia infinita (Dios). Dios actúa como garantía última de que las facultades racionales del sujeto no le engañan cuando percibe con claridad, permitiendo así recuperar la confianza en la existencia del mundo físico.
Conclusión de la vinculación
En definitiva, el fragmento es el punto de apoyo de la metafísica cartesiana. Al identificar el pensamiento como la esencia del ser humano, Descartes fundamenta el subjetivismo moderno: la realidad ya no se mide desde el objeto (el mundo), sino desde la certeza del sujeto que conoce. El cogito es la "primera piedra" sobre la que se levantará el resto del sistema: la demostración de Dios y la explicación mecánica del universo.
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