Para la clase de Ciudadanía de hoy, os propongo que me resolváis un dilema, sacado del libro de Martin Cohen, 101 problemas de Filosofía. Es un libro muy entretenido con el que os podéis reír mucho si queréis animar una reunión con amigos o en una de esas cenas navideñas interminables rodeados de adultos que no paran de mandar mensajes de WhatsApp a sus amistades deseándoles felices fiestas. Un momento..., ¿he dicho adultos? ¿No eran los adolescentes los que no despegaban las narices del móvil? Mi subconsciente me traiciona. Lo de los adultos y el móvil os lo cuento en otra entrada. De momento, leed el dilema y dejadme vuestras respuestas en los comentarios. ¡Feliz clase!
"Un buen día, les dice a los de la clase de Lógica que van a tener un examen de todo lo que han visto hasta ese momento en el curso, en particular a lo referente a los 256 silogismos de Aristóteles. La razón, añade de forma algo ofensiva el profesor, es que son una clase lenta y perezosa. A los de la clase, no les hace ninguna gracia y empiezan a murmurar.
-Entonces, ¿cuándo va a ser?- preguntan resentidos.
El profesor sonríe.
-Cuando yo quiera. Puede ser en cualquier momento desde ahora hasta final de curso. Sin embargo, lo que sí puedo garantizaros es que, cuando lo haga, ¡va a ser una verdadera sorpresa!
Al salir del instituto, Roberto y Patricia comentan las malas noticias. Roberto está muy preocupado porque tiene muy mala memoria.
-Podría aprobar seguro -dice- si supiera el día en que va a ser el examen, porque me lo podría empollar todo la noche antes.
-No te preocupes, dice Patricia, yo creo que el profe nos está tomando el pelo. ¿Sabes? ¡No creo que vaya a haber examen!
Y se pone a explicar que el examen no puede ser el último día de curso porque entonces la clase sabría que iba a ser ese día, y se pondrían a memorizar todo el material del examen la noche antes.
-Estupendo -dice Roberto sarcástico- ¿me estás diciendo que el examen puede ser desde ya hasta el penúltimo día de clase?.
Patricia le explica con paciencia:
-Tampoco puede ser el penúltimo día del curso, porque si no puede ser el último día del curso, y llega la noche anterior al penúltimo día de curso, entonces ¡todos sabríamos que el examen sería al día siguiente!
Roberto por fin lo pilla:
-¡Ni tampoco el antepenúltimo, ni el ante-antepenúltimo... ni ningún día! ¡Jolín! ¡Menuda broma del profe intentando asustarnos! No puede ponernos el examen si quiere sorprendernos. ¡Payaso!
No se lo contaron a los demás, que echaron todo el tiempo del mundo intentando memorizar los 256 silogismos de Aristóteles y otros sinsentidos, para secreto regodeo de Roberto y Patricia. Hasta que un día, justo una semana después del primer anuncio, entra el profesor y dice que hay examen.
-¡Usted no puede hacer eso!- dice Roberto.
-¿Por qué no?- responde sorprendido, aunque no mucho, el profesor.
-Porque tenía que ser una sorpresa, y por tanto sólo podía poner el examen cuando no lo esperáramos!
-¡Así es, pero Roberto, tú no te lo esperabas y estoy poniendo el examen- dijo el profesor de manera típicamente profesoral.
¿Hay un fallo en el argumento de Roberto o es que el profesor es un hipócrita?